TEMPLO DE HÉRCULES MELQART

Sin ser propiamente un templo romano, hemos querido incluirlo aquí por la importancia que este santuario tuvo en la antigüedad,  por ser muestra de sincretismo romano en relación a los cultos previos a la conquista (1) y como ejemplo de templo ignoto del que la investigación, basada sobre todo en fuentes literarias, ha podido conocer su aspecto  y situación probables. 

 

Origen y fundación. Culto a Melqart e identificación con Hércules

Fundado por los colonos fenicios de Tiro, probablemente poco después de su llegada a la costa sur de la península ibérica, se dedica al culto a Melqart, divinidad de carácter agrícola que evolucionaría hasta convertirse en el dios  protector de Tiro y, en especial, de las empresas marítimas de sus colonos y comerciantes, que extenderán su culto por el Mediterráneo. Sobre la identificación con el héroe griego nos dice García y Bellido que “Su posterior contacto con el Heraklés griego, con el que coincidía en muchos aspectos y sobre todo en sus viajes por Occidente, le añadió un matiz solar similar al del héroe y semidios heleno, con el que acabó por identificarse plenamente, hasta el punto que en Occidente perdió su nombre originario para tomar el de Heraklés-Hércules” (2). A partir de ese momento, se distinguirá a Melqart fenicio añadiendo epítetos como Hércules tyrio o egipcio.

El Templo. Características y localización

Como dijimos, son muchas las referencias de autores greco-romanos al templo, y en ellas queda acreditada su veneración, antigüedad y riqueza (3), pero, lamentablemente, estos testimonios nos aportan escasa información acerca de los aspectos arquitectónicos o decorativos del edificio. Esta falta de datos lleva a pensar (4) que en realidad el edificio debía diferenciarse muy poco del tipo tradicional de santuario fenicio. Así parece confirmarlo Arriano de Nicomedia (Anábasis II, 16,4) cuando escribe que “revelan igual origen fenicio tanto la arquitectura del templo como los ritos sacrificiales”. Todo ello ha llevado a los especialistas a asumir una tipología cuya mejor aproximación sería el templo construido por Salomón en Jerusalén con la ayuda de Hiram de Tiro, es decir, un gran recinto porticado y abierto conteniendo un templo dividido en tres partes: vestíbulo (Ulam) flanqueado por dos columnas (Boaz y Jaquín), el Hekal o sala de culto y al fondo el Debir o Sancta Sanctorum.

 

 

En cuanto a su localización, García y Bellido (op. Cit. Pp 74 y ss.) recoge numerosos datos basados en descripciones geográficas antiguas, entre ellas las de Pompeio Mela , Plinio o Estrabón, así como una gran cantidad de testimonios de avistamientos y hallazgos arqueológicos desde el S XVI hasta el XX  que situarían el templo en el islote de Sancti Petri unido en la antigüedad a la ciudad de Cádiz por una lengua de tierra a través de la cual discurría una calzada. Esta ubicación, propuesta ya en el S. XVI por Suárez de Salazar, resulta hoy en día indiscutida (5).

 Puertas, columnas y pozos del santuario

En las puertas del templo, según la descripción del senador y hombre de letras Silio Itálico (púnica III, 32-44) se representaban diez de los trabajos de Hércules, de los cuales sólo los seis primeros pertenecen al canon (León de Nemea, Hidra de Lerna, Can Cerbero, Yeguas de Diomedes, Cierva de Kyrenea y Jabalí de Erimanto) y otros cuatro (Anteo, Nesos, Achelous y Apoteosis del Héroe) no forman parte de él. García y Bellido, considerando a Posidonio la fuente de Silio Itálico, remonta la antigüedad de las puertas hasta alrededor del 500 a.C.(6), momento cercano a la formación del canon de los Dodekathloi, si bien, esta explicación es puesta en duda hoy en día por algunos orientalistas que creen ver en esta iconografía más bien aspectos de la vida de Melqart.

Las columnas del templo de Hércules han sido objeto de controversia desde la antigüedad (7). Según testimonios literarios como el de Herodoto en referencia al templo de Melqart en Tiro y numismáticos, era consustancial a los templos fenicios la existencia de sendas columnas flanqueando la entrada. Se trataba de grandes estelas realizadas en materiales preciosos que, en algunos casos como el mencionado templo de Salomón, recibían incluso nombres propios. En el caso del Herákleion, Posidonio nos dice que las columnas eran de bronce y de una altura de ocho codos de alto (unos 3,25 mts.) mientras que Filóstrato reduce su altura a “más de un codo” y dice que estaban realizadas de oro y plata (8), conteniendo una inscripción, tal vez en fenicio antiguo, ya indescifrable en aquel momento para los sacerdotes del templo. Estrabón relata que a ellas acudían los navegantes a sacrificar a Heracles una vez concluida su navegación, lo que para el autor explica que fuese fama situar en ellas el fin de la tierra y del mar.

Otro de los enigmas relacionados con el santuario que más controversia crearon en la antigüedad (9) fue la existencia en él de dos pozos o fuentes de agua dulce cuyo régimen de alimentación era contrario al de las mareas, llenándose con la bajamar y vaciándose con la pleamar, y cuya existencia hubo sin duda de influir en la elección del lugar para erigir el santuario, al proporcionar el agua necesaria, entre otras cosas, para el ritual.

Imagen de culto. Altares y estatuas del templo.

Los autores antiguos coinciden en la ausencia de una imagen del héroe en el Herakleion gaditano. Filóstrato (10), por ejemplo, asegura que “no había imagen ni del Heracles egipcio ni del tebano” La razón de este carácter aparentemente anicónico del culto podría estar en el origen cananeo del mismo, aunque también podría relacionarse con el hecho de que, como recogen varios autores (11), el templo era considerado en sí la propia tumba del héroe. Por contra, el mismo Filóstrato nos informa de la existencia en el témenos de varios altares y, en concreto dentro del templo en sí refiere dos de bronce sin decoración dedicados al Hércules egipcio (Melqart) y uno de piedra que estaría consagrado al Hércules tebano y en el que aparecían representados los doce trabajos.

En cuanto a la decoración escultórica, por Suetonio y Dion Casio sabemos de la existencia de una estatua de Alejandro, de posible origen romano, aunque otra hipótesis muy sugerente la pone en relación con la conquista de Tiro por el rey macedonio en la que tuvo un importante papel el templo de Melqart. Además, Filóstrato menciona otra estatua dedicada al estratega ateniense Temístocles. Si nos remitimos a la evidencia arqueológica, las aguas de Sancti Petri han arrojado hallazgos entre los que destaca una figura de mármol representando probablemente a un emperador romano heroizado y restos de una estatua toracata de bronce que recuerda al Augusto de Prima Porta.

 

 

Importancia del templo. Visitantes ilustres.

De la importancia del Herakleion gaditano dan fe las numerosas referencias en las fuentes literarias ya aludidas. En un primer momento tras su fundación, su adscripción a Melqart, asociado a la ciudad y la monarquía de Tiro, le permitiría acoger bajo su protección y derecho de asilo a los comerciantes, suponiendo la presencia del dios, al que se invoca en los juramentos que sancionaban los contratos, un veto para todo intento de fraude y violencia. La importancia del templo queda patente, ya en época romana, por el hecho de ser uno de los pocos que poseían el privilegio de ser persona jurídica y, por ello, podía ser instituido como heredero y contar con propiedades (12).

Además de por la mencionada condición de lugar de reposo de los restos de Hércules, gran parte de la fama del templo derivaba de la actividad de su clero como receptor, conservador y transmisor de tradiciones y conocimiento. Sabemos que en el santuario gaditano existió un oráculo al que acudieron personalidades del mundo grecorromano a realizar sus consultas. Así, Silio Itálico nos dice que, tras la toma de Sagunto y antes de emprender el camino de Italia, Aníbal visita el templo para consultar “los agüeros relativos a su conquista” También Julio César durante su etapa de cuestor en Hispania acude al santuario según recogen Dión Casio y Suetonio (13) donde los sacerdotes le interpretan un sueño vaticinándole que alcanzará un gran poder en Roma. Sobre su presencia en el templo, es bien conocido el episodio de Suetonio en el que César llora ante la estatua de Alejandro en el Herakleion lamentándose de que con su misma edad el macedonio hubiese  ya dominado el mundo.

 

Por estas razones, resulta comprensible la riqueza y veneración del templo a la que aluden numerosos escritores antiguos, y el hecho de que entre las reliquias veneradas en él se encontraran algunas tan valiosas como el cinturón de Teucros o el olivo de Pigmalión (14), árbol de oro con los frutos de esmeraldas. En cualquier caso, esta riqueza habría de atraer al templo también otro tipo de visitas más ingratas, resultando su tesoro expoliado en varias ocasiones. La primera que conocemos es la del general cartaginés Magón que en el 206 a.C. antes de abandonar la plaza ante los romanos se lleva las riquezas de los templos gaditanos. En el 49 a.C., en el contexto de la guerra civil, Marco Terencio Varrón despojó al templo de su tesoro y lo llevó a la ciudad de Cádiz seguramente más con ánimo de protegerlo que de expoliarlo. Victorioso César lo devuelve a su lugar en el templo, no obstante en el año 45 a.C., tras la batalla de Munda y necesitado de recursos, será el propio César el que recurra a la requisa de los bienes de santuario para llenar sus arcas (15). Unos años después, en el 38 a.C., el rey mauritano Bogo intentará apropiarse de sus riquezas, siendo rechazado sin lograr su propósito.

Parece acertado suponer como hace García y Bellido que Augusto, que acude a Hispania llamado por su tío, visitara el templo con él y que, en algún momento de su largo reinado, pudiera haberse producido la asimilación entre el princeps y el Hércules gaditano aunque, como reconoce el autor, no haya de ello testimonio expreso. Lo que sí sabemos por acuñaciones monetarias es la importante revitalización del culto durante los reinados de Trajano y Adriano, cuya familia estaba relacionada con la ciudad de Cádiz y que mostraron su devoción por el numen tirio-gaditano, como lo haría, ya en el S.III el emperador Póstumo. A partir de ese momento se pierden las noticias sobre el culto oficial al Hércules Gaditano y apenas aparecen referencias escritas al templo siendo la última la de Rufo Festo Avieno que en su Ora Marítima hacia el año 400, tras lamentar el estado de postración y ruina de la ciudad antes magnífica, nos dice, sin embargo que el Herakleion aún seguía en pie e incluso de sus palabras podría deducirse que aún tenían lugar en él ceremonias religiosas. Pocas noticias ciertas conocemos con posterioridad sobre la suerte del templo, aunque posiblemente la acción combinada del abandono, el mar y los sucesivos ataques y destrucciones, su explotación como cantera de piedra ostionera, (16) unida tal vez a algún fenómeno natural, han hecho desaparecer sus vestigios hasta nuestros días. Ojala en un futuro no muy lejano las nuevas tecnologías, basándose en trabajos teóricos tan minuciosos como el de García y Bellido, puedan devolvernos los restos del que fue durante muchos siglos el más importante santuario situado en Hispania y uno de los más relevantes en el mundo antiguo.

Notas

(1) Para un detallado análisis crítico de los conceptos de sincretismo, integratio e intrepretatio romanos véase el artículo de  Francisco Marco “Integración, interpretatio y resistencia religiosa en el occidente del imperio” incluido en BLÁZQUEZ J.M. y ALVAR, J. (Eds.) “La Romanización en Occidente” Ed. Actas. Madrid 1996. En la misma obra, Julio Mangas sobe “El culto de Hércules en la Bética” sostiene la tesis de la diferente identidad del Hércules adorado en Cádiz y aquel cuyo culto se extendió ampliamente por el sur peninsular.

(2) GARCÍA Y BELLIDO 1963: 73

(3) Entre ellos Pomponio Mela, Rufo Festo Avieno, Diodoro Siculo, Silio Itálico o Porfirio.

(4) GARCÍA Y BELLIDO 1963: 100 y ss

(5) LOMAS SALMONTE 2011: 107

(6) GARCÍA Y BELLIDO, 1963: 105

(7) Estrabón en su libro III dedicado a Iberia ya habla de las diferentes opiniones de quienes consideran las columnas como accidentes geográficos, principalmente el peñón de Gibraltar y el Djebel Musa, y quienes creen que se refieren a las columnas a la entrada del Herakleion.

(8) Parece una altura muy pequeña y además la forma “de yunque” a la que alude el autor hace pensar quizá  más en altares que en estelas o columnas.

(9) Estrabón en su Geografía (V,5,7) recoge la polémica sobre el origen del pozo y su extraño régimen de llenado en la que, además de la suya,  aparecen opiniones de Silenós, Polibio, Artemidoro o Posidonio.

(10) Filóstrato Vida de Apolonio de Tiana, V, 4-5

(11) Salustio, Pompeio Mela.

(12) Ulpiano en su corpus (Liber singularis Regularum, XXII,6) cita al templo de Cádiz (Hercules Gaditanus) como uno de los pocos casos en que, por expresa concesión imperial o mediante senadoconsulto, puede instituirse a los dioses como herederos junto a otros templos como Júpiter en Roma, Apolo en Mileto o Diana en Éfeso.

(13) Suetonio, Vida de Julio César, 7. Dión Casio Historia romana XXXVII,52,2)

(14) Tal vez uno de los reyes de Tiro de ese nombre, el padre o el hermano de Dido, fundadora de Cartago (García y Bellido 1963: 123-124)

(15) La noticia es recogida por Dión Casio (XLIII, 39,4), si bien tanto García y Bellido como Lomas Salmonte admiten dudas sobre su veracidad al basarse posiblemente en una fuente anticesariana como Asinio Polión.

(16) Sobre el final de los templos hispánicos hemos incluido una entrada específica en este trabajo

Bibliografía y webgrafía

GARCÍA Y BELLIDO, Antonio. “Hercules Gaditanus”, Archivo Español de Arqueología (AEspA)  XXXVI. 1963

 

LOMAS SALMONTE, Francisco Javier. “Nueva historia de Cádiz. Vol.1 Antigüedad”. Ed. Sílex. Madrid 2011

 

Página web del Museo de Cádiz en el portal de Museos de Andalucía (consultado el 4/4/2016) http://www.museosdeandalucia.es/cultura/museos/MCA/index.jsp?redirect=S2_3.jsp

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